En el reciente informe mundial sobre el hambre 2026, QU Dongyu, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura —FAO—, abogó por la apertura de los mercados y la protección de las personas vulnerables en un contexto de incertidumbre.

“Tras tres años consecutivos de progreso en la reducción del hambre en el mundo, hoy se muestran avances, pero también se demuestra que el hambre no es inevitable”, declaró QU Dongyu (en la foto), durante la presentación de la edición de 2026 del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI, por sus siglas en inglés). Fotos: FAO.
Según el informe SOFI, se estima que 645 millones de personas (el 7,8 % de la población mundial) padecieron hambre en 2025. Esto representa casi 14 millones de personas menos que en 2024 y 43 millones menos que en el pico de 2022.
La inseguridad alimentaria también mejoró sustancialmente. En 2025, aproximadamente 2100 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria moderada o grave, casi 86 millones menos que el año anterior. Los mayores avances se registraron en Sudamérica y Asia, especialmente en el sur de Asia.
Durante el acto de presentación (21 de julio) celebrado en la sede de la FAO en Roma, QU Dongyu afirmó que las conclusiones del informe demuestran que una acción política decidida puede dar resultados.

“Estas cifras son importantes porque demuestran que el hambre no es inevitable”, reiteró el director general. “Con políticas económicas sólidas, protección social e inversiones sostenidas en sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles —añadió—, podemos reducir la curva del hambre”.
En el acto de presentación también intervinieron los responsables de tres de los cuatro organismos de la ONU que ayudaron a la FAO a elaborar el informe: Álvaro Lario, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola —FIDA—; Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud —OMS—; y Carl Skau, director ejecutivo interino del Programa Mundial de Alimentos —PMA—.
Durante un panel de discusión, varios ministros de gobierno compartieron las experiencias de sus países en la lucha contra el hambre y la malnutrición, entre ellos José Ignacio Paliza, ministro de la Presidencia de la República Dominicana; Cheikhou Oumar Ba, ministro de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Ganadería de Senegal; y Abdurakhmonov Ibrokhim Yulchievich, ministro de Agricultura de Uzbekistán. Fernanda Machiaveli Morão De Oliveira, ministra de Desarrollo Agrario y Agricultura Familiar de Brasil, ofreció unas palabras de clausura.

El progreso sigue siendo frágil y desigual
A pesar de las tendencias positivas que se destacan en la edición de este año del SOFI, el informe advierte que el progreso sigue siendo desigual y vulnerable a múltiples crisis.
África, por ejemplo, registró un punto de inflexión importante, con una disminución de la prevalencia del hambre del 20,3 % en 2024 al 20,0 % en 2025, lo que supone la primera interrupción de la tendencia al alza del hambre en el continente desde 2017. Sin embargo, aproximadamente 309 millones de personas en África siguen desnutridas, y el rápido crecimiento demográfico implica que el número absoluto de personas que padecen hambre podría aumentar aún más en los próximos años.
A nivel mundial, el panorama sigue siendo preocupante. A pesar de los avances recientes, el informe proyecta que alrededor de 520 millones de personas podrían seguir padeciendo hambre en 2030, lo que alejaría al mundo del objetivo de desarrollo sostenible dos (Hambre Cero). Esta estimación podría subestimar los riesgos, ya que no considera plenamente los posibles impactos de un fenómeno de El Niño intenso ni las recientes reducciones en la financiación para el desarrollo y la ayuda humanitaria, advirtió el director general de la FAO.
QU Dongyu señaló que el hambre es solo una dimensión del desafío mundial de la seguridad alimentaria: casi un tercio de la población mundial sigue sin poder permitirse una dieta saludable, lo que expone a millones de personas a la desnutrición y a enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.
Si bien la producción de alimentos se ha expandido en muchas regiones, el informe SOFI 2026 muestra que los alimentos nutritivos a menudo siguen siendo costosos debido a que los gastos se acumulan en las etapas de almacenamiento, procesamiento, transporte y venta minorista.
La infraestructura inadecuada, los sistemas de cadena de frío deficientes, el suministro de energía poco fiable y los mercados ineficientes continúan elevando el precio de las frutas, las verduras y los alimentos de origen animal, lo que limita el acceso para los hogares de bajos ingresos.

Prioridades políticas
En su discurso, el director general de la FAO pidió medidas urgentes para mantener y acelerar los logros recientes.
Entre las prioridades clave se encuentran mantener abiertos los mercados de alimentos, energía e insumos agrícolas, evitar las restricciones a las exportaciones y fortalecer los programas de protección social dirigidos a las poblaciones vulnerables. Asimismo, se insta a los gobiernos y a los socios para el desarrollo a garantizar que los agricultores tengan acceso a fertilizantes, semillas de calidad, agua, crédito y otros insumos esenciales antes de que las decisiones de siembra sean irreversibles.
Se necesitan inversiones a largo plazo en todos los sistemas agroalimentarios, especialmente en riego, instalaciones de almacenamiento, cadenas de frío, infraestructura de transporte, sistemas de alerta temprana y mecanismos de acción preventiva. Dichas inversiones pueden reducir el costo de los alimentos nutritivos, mejorar la resiliencia ante crisis y hacer que las dietas saludables sean más accesibles.
«En un mundo de crisis constantes y superpuestas, el progreso no puede darse por sentado; debe protegerse, acelerarse y extenderse a todos, en todas partes, para garantizar las Cuatro Mejoras: mejor producción, mejor nutrición, mejor medio ambiente y mejor vida, sin dejar a nadie atrás», dijo QU Dongyu.












