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35 años de Cenipalma: protección e impulso al aceite de palma sostenible colombiano

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Con cerca de dos millones de toneladas de aceite al año, Colombia se mantiene como cuarto productor mundial y primero de América. La nueva Conferencia Nacional sobre Palma de Aceite de este año reunirá en Villavicencio el conocimiento desarrollado para enfrentar los retos actuales y futuros del cultivo.

 

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La palma de aceite colombiana avanza en 2026 con cifras que dimensionan su importancia dentro de la agricultura nacional. El país cuenta con alrededor de 641.000 hectáreas sembradas, más de 9.000 productores, presencia en 172 municipios de 21 departamentos y cerca de 262.000 empleos directos e indirectos. En 2025, el valor de la producción del sector se situó alrededor de $9,4 billones.

El dato preciso de área sembrada para 2025 es de 640.967 hectáreas, frente a 609.640 hectáreas en 2024, un aumento de 5,1 %. De ese total, 526.388 hectáreas se encontraban en producción y 114.579 en desarrollo. La Zona Oriental concentra el 44,3 % del área sembrada, seguida por la Central, con 34,3 %; la Norte, con 17,7 %, y la Suroccidental, con 3,7 %.

Colombia ocupa el cuarto lugar entre los productores mundiales de aceite de palma y el primero en América, detrás de gigantes asiáticos como Indonesia, Malasia y Tailandia. En el mercado mundial, cuya producción supera los 80 millones de toneladas anuales, Indonesia y Malasia concentran ampliamente la oferta. En América Latina también tienen una presencia relevante cultivos en Guatemala, Honduras, Perú, Brasil y Ecuador, aunque Colombia mantiene el liderazgo regional.

En 2025, la producción colombiana alcanzó un récord de 1,928 millones de toneladas de aceite crudo de palma, 12 % más que las 1,720 millones toneladas del año anterior. Y la tendencia de 2026 mantiene al sector muy cerca de la barrera de los dos millones: entre enero y agosto se produjeron 1,395 millones de toneladas y, al contabilizar los doce meses terminados en agosto de 2026, la producción llegó a 1,97 millones de toneladas.

 

Del alimento al biodiésel

El aceite que se produce en las plantas de beneficio colombianas tiene múltiples destinos. En 2025, alrededor de 1,327 millones de toneladas se comercializaron en el mercado nacional y unas 585.000 toneladas tuvieron como destino las exportaciones, de manera que cerca de siete de cada diez toneladas vendidas permanecieron en Colombia y tres se dirigieron a mercados externos.

Dentro del mercado nacional, el biodiésel fue el principal destino individual, con 642.000 toneladas, aproximadamente 48 % de las ventas locales. La industria de aceites y grasas comestibles adquirió 600.000 toneladas, alrededor de 45 %; la industria de alimentos concentrados utilizó 82.000 toneladas, cerca de 6 %, y otras industrias recibieron aproximadamente 4.000 toneladas.

Esta diversificación ayuda a explicar por qué la palma ha trascendido su papel tradicional como materia prima alimentaria. El aceite está presente en aceites y grasas para consumo humano, alimentos balanceados y diferentes aplicaciones en productos industriales, mientras su utilización en biodiésel conecta a la agroindustria con la estrategia de combustibles renovables del país.

A estos usos podría sumarse en los próximos años una nueva oportunidad para la agroindustria: el combustible sostenible de aviación, SAF (Sustainable Aviation Fuel). Cenipalma ha evaluado técnicamente el potencial del aceite crudo de palma colombiano como materia prima para producir este combustible mediante la ruta HEFA –ésteres y ácidos grasos hidroprocesados–, una de las tecnologías utilizadas para transformar aceites y grasas en combustible de aviación. Un estudio realizado con información de 53 plantas de beneficio y 269 plantaciones estimó una huella de 16,11 gramos de CO₂ equivalente por megajulio para SAF elaborado a partir de aceite de palma colombiano, frente a un valor de referencia de 89,2 g CO₂eq/MJ para el combustible convencional de aviación.

Los resultados muestran un potencial importante para Colombia, que podría fortalecerse aún más mediante prácticas como la captura de metano en las plantas de beneficio. El desarrollo de este mercado dependerá, sin embargo, del cumplimiento de las exigencias internacionales de sostenibilidad, trazabilidad y reducción de emisiones que regulan los combustibles de aviación de menor carbono.

 

Sostenibilidad que comienza en el productor

Paralelamente al crecimiento de la producción, Fedepalma y Cenipalma han fortalecido una estrategia que busca que la competitividad económica avance junto con mejores prácticas sociales y ambientales.

El programa Aceite de Palma Sostenible de Colombia, APSColombia, el Índice de Sostenibilidad y las metodologías de acompañamiento técnico permiten identificar brechas en los cultivos y orientar mejoras en aspectos como suelo, agua, biodiversidad, condiciones laborales, gestión empresarial y trazabilidad. En la actualidad, Fedepalma reporta más de 360 productores certificados en APSColombia.

Para los productores de pequeña y mediana escala, esta ruta tiene especial importancia, pues les ayuda a mejorar la sostenibilidad, que no solo significa cumplir condiciones ambientales o acceder a una certificación RSPO, sino hacer más eficiente la finca, reducir riesgos, adoptar mejores prácticas agronómicas y fortalecer las posibilidades de acceso a mercados cada vez más exigentes.

La protección de los bosques ha sido uno de los ejes de la estrategia de sostenibilidad impulsada por Fedepalma. El sector participa en el Acuerdo de Cero Deforestación de la cadena de aceite de palma y ha avanzado en sistemas de monitoreo satelital para identificar cambios en las coberturas naturales en las zonas palmeras. Los análisis realizados muestran que la deforestación asociada directamente con el cultivo es prácticamente marginal: mediciones reportadas por el Barómetro Palmero la sitúan alrededor de 0,03 %, lo que significa que 99,97 % de la deforestación registrada en Colombia no está relacionada con la palmicultura.

Fedepalma resume actualmente este desempeño señalando que la palma de aceite colombiana es más de 99 % libre de deforestación. Este resultado constituye un atributo especialmente importante para diferenciar el origen colombiano frente a mercados que exigen materias primas libres de conversión de bosques y una trazabilidad cada vez más rigurosa

A esa contribución se suma la capacidad del cultivo para capturar dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo en su biomasa. Como especie perenne y de porte arbóreo, la palma fija carbono durante su crecimiento en troncos, hojas, raíces y otros componentes del sistema productivo. Este aporte climático debe analizarse siempre considerando el uso previo del suelo: su balance es favorable cuando el establecimiento del cultivo no implica sustituir bosques naturales u otros ecosistemas con mayores reservas de carbono.

De ahí la estrecha relación entre cero deforestación, productividad y reducción de la huella de carbono. Estudios recientes de Cenipalma y Fedepalma sobre el ciclo de vida del aceite de palma colombiano permiten además identificar dónde están las principales oportunidades de reducción de emisiones, entre ellas el tratamiento de los efluentes de las plantas de beneficio, la captura de metano y un uso más eficiente de los fertilizantes. Capturar carbono en el cultivo y reducir emisiones durante el procesamiento son, por tanto, dos caras de una misma estrategia para producir un aceite con menor huella climática.

Este desempeño adquiere una importancia adicional frente a las nuevas exigencias de los mercados internacionales. La Unión Europea incluyó expresamente al aceite de palma entre las materias primas cubiertas por su Reglamento sobre productos libres de deforestación (EUDR), que exige demostrar que los productos comercializados en ese mercado no proceden de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020, cumplen la legislación del país de origen y cuentan con información que permita su trazabilidad hasta las áreas donde fueron producidos.

Para la palmicultura colombiana, los avances en monitoreo, georreferenciación, trazabilidad y producción libre de deforestación representan, por tanto, no solo un compromiso ambiental, sino una ventaja para prepararse frente a mercados que elevan sus requisitos de sostenibilidad. El reglamento comenzará a aplicarse el 30 de diciembre de 2026 para operadores grandes y medianos y el 30 de junio de 2027 para las micro y pequeñas empresas, lo que convierte esta exigencia en un reto inmediato para las cadenas agrícolas que comercializan con Europa.

En este contexto, esquemas de certificación como RSPO pueden contribuir a respaldar las prácticas y la información de sostenibilidad de productores y empresas, aunque el cumplimiento del EUDR exige además atender sus obligaciones específicas de trazabilidad y debida diligencia.

A este esfuerzo se suma la certificación internacional RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil), uno de los principales estándares voluntarios de sostenibilidad para la agroindustria palmera mundial. Su importancia radica en que permite acreditar ante compradores y mercados el cumplimiento de criterios ambientales, sociales, laborales, de trazabilidad y de protección de ecosistemas, convirtiendo la sostenibilidad en un atributo verificable de la producción.

Colombia ha avanzado de manera significativa en este frente: más del 20 % de la producción nacional de aceite de palma cuenta con certificación RSPO, según esa organización, que además señala que el 99 % de los cultivos certificados está libre de deforestación. Ampliar esta cobertura, especialmente entre pequeños y medianos productores, constituye una oportunidad para diferenciar el aceite colombiano y facilitar su acceso a mercados internacionales cada vez más exigentes en materia de sostenibilidad y trazabilidad.

 

Sanidad: una batalla permanente

En ese escenario, una parte fundamental de la investigación desarrollada por Cenipalma durante sus 35 años se concentra en uno de los mayores riesgos del negocio debido a que las diversas plagas y enfermedades del cultivo son capaces de reducir de manera drástica la producción e incluso comprometer plantaciones completas.

Por ejemplo, la Pudrición del Cogollo (PC) continúa siendo una de las principales amenazas. Causada por Phytophthora palmivora, afecta los tejidos internos del cogollo y puede presentarse en palmas de cualquier edad. En su propagación contribuyen aspectos como ambientes muy húmedos, encharcamientos y condiciones agronómicas, de igual manera, descuidos en la observación fitosanitaria de la planta, así como también prácticas de fertiirrigación inadecuadas favorecen su desarrollo. Por eso, su manejo combina detección temprana, censos periódicos, eliminación o tratamiento oportuno de tejidos afectados, drenajes adecuados, nutrición y manejo integral del cultivo.

La búsqueda de soluciones también ha llevado al mejoramiento genético. Cenipalma trabaja en cultivares que combinen productividad, adaptación a las condiciones de las diferentes zonas palmeras y mejor comportamiento frente a enfermedades. El híbrido interespecífico OxG –Elaeis oleifera × Elaeis guineensis– ha desempeñado un papel particularmente importante en zonas que han enfrentado graves problemas de Pudrición del cogollo.

Otro desafío es la Marchitez Letal (ML), especialmente importante en las zonas Oriental y Central. Las investigaciones han demostrado el papel de Haplaxius crudus, conocido como saltahojas de la palma, como vector del agente asociado con la enfermedad. Detectar y eliminar oportunamente las palmas enfermas, controlar el vector, aplicar buenas prácticas agronómicas y, sobre todo, trabajar con un enfoque regional son principios básicos de manejo.

A ellas se suman la Marchitez Letal que es una sorpresiva enfermedad presente en las cuatro zonas palmeras y asociada con Phytomonas; el Anillo rojo, ocasionado por el nematodo Bursaphelenchus cocophilus; y diferentes insectos plaga. Entre estos sobresale Rhynchophorus palmarum, o picudo negro, que además del daño directo que puede ocasionar es el principal vector del nematodo causante del Anillo rojo. Cenipalma también trabaja sobre plagas como Strategus aloeus y Sagalassa valida, entre otras.

Por esa razón, la sanidad moderna de la palma no puede reducirse a combatir individualmente una enfermedad o un insecto. Requiere vigilancia epidemiológica, manejo agronómico, genética, biología, monitoreo, control integrado y, fundamentalmente, acciones coordinadas entre productores vecinos y núcleos palmeros.

A los desafíos productivos y ambientales se suma en 2026 un factor que exige especial atención: el fenómeno de El Niño. El Ideam confirmó en septiembre la presencia de condiciones de El Niño y una tendencia de fortalecimiento, con una probabilidad superior al 90 % de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. Sus efectos no son iguales en todas las regiones del país, pero una reducción de las lluvias puede incrementar el déficit hídrico y la presión sobre las fuentes de agua, además del riesgo de incendios en determinadas zonas.

Para la palma de aceite, la disponibilidad de agua es determinante durante su prolongado ciclo productivo y los efectos de un periodo seco pueden reflejarse posteriormente en la formación de racimos y en los rendimientos. Las investigaciones de Cenipalma sobre balance hídrico y necesidades de agua del cultivo refuerzan por ello la importancia de anticiparse con manejo eficiente del recurso, conservación de humedad en el suelo, coberturas, infraestructura de riego y drenaje y decisiones de nutrición ajustadas a las condiciones climáticas.

 

Cuatro territorios para investigar en condiciones reales

Una de las fortalezas de Cenipalma es que buena parte de esa investigación se realiza directamente en las regiones productoras.

La corporación cuenta con tres campos experimentales y una finca experimental, conformando una red que cubre las cuatro zonas palmeras del país: el Campo Experimental Palmar de La Vizcaína, en la Zona Central; el Campo Experimental Palmar de La Sierra, en la Zona Norte; el Campo Experimental Palmar de Las Corocoras, en la Zona Oriental, y la Finca Experimental La Providencia, en la Zona Suroccidental.

En estos espacios se estudian materiales genéticos, manejo de suelos y agua, nutrición, productividad, plagas y enfermedades, tecnologías para el cultivo, híbridos OxG y procesos relacionados con las plantas de beneficio. La posibilidad de experimentar en ambientes agroecológicos diferentes permite validar soluciones bajo condiciones similares a las que enfrentan diariamente los productores.

 

De los residuos a la energía y los biofertilizantes

Pero la investigación ya no termina cuando se extrae el aceite. Uno de los campos con mayor potencial es el aprovechamiento integral de la biomasa y de los efluentes de las plantas de beneficio, dentro de una visión de economía circular.

El procesamiento de los racimos genera materiales como fibra, cuesco y racimos vacíos o tusas. Parte de la fibra y el cuesco puede utilizarse como combustible en las calderas para producir el vapor requerido por la planta y generar energía eléctrica. La investigación desarrollada para la agroindustria palmera ha estudiado precisamente cómo mejorar la eficiencia de esta cogeneración y aprovechar los excedentes energéticos disponibles en la biomasa.

Los efluentes líquidos de las plantas de beneficio, conocidos internacionalmente como POME, constituyen otra oportunidad. Debido a su contenido de materia orgánica, pueden ser tratados mediante procesos de digestión anaerobia para producir biogás, que posteriormente puede utilizarse para generar energía. Capturar ese gas tiene además un beneficio climático, pues evita que parte del metano producido durante la degradación de la materia orgánica llegue directamente a la atmósfera.

Los racimos vacíos, lodos y otros materiales orgánicos también pueden entrar en procesos de compostaje. Después de su transformación, el compost puede regresar al cultivo como fuente de materia orgánica y nutrientes, complementando los esquemas de fertilización.

Cenipalma ha llevado este concepto un paso más allá mediante estudios sobre la transformación de las plantas de beneficio en biorrefinerías, capaces de producir no solamente aceite, sino también biogás, electricidad, compost, pellets, biocarbón y otros productos de valor agregado.

Sanidad, productividad y economía circular dejan así de ser conversaciones independientes: una plantación más eficiente, una planta de beneficio que utiliza mejor sus recursos y un mayor aprovechamiento de los subproductos forman parte de una misma estrategia de competitividad.

 

35 años de investigación llegan a Villavicencio

Ese conocimiento será protagonista de la Conferencia Nacional sobre Palma de Aceite: “Un encuentro para vivir el conocimiento e impulsar la agroindustria”, que se lleva a cabo del 22 al 24 de septiembre en el Parque Las Malocas, en Villavicencio.

Después de 18 ediciones de la Reunión Técnica Nacional, el encuentro se renueva en el marco de los 35 años de Cenipalma. Más de 1.600 personas de diferentes regiones del país están previstas para esta edición, entre ellas 400 productores de pequeña y mediana escala que asistirán con apoyo del Fondo de Fomento Palmero.

La elección de Villavicencio también refleja el peso adquirido por los Llanos Orientales en la agroindustria palmera. La Zona Oriental concentra actualmente 283.938 hectáreas sembradas y genera alrededor de 84.527 empleos directos e indirectos en Arauca, Casanare, Cundinamarca, Guaviare, Meta y Vichada.

“Hace 35 años los palmicultores de Colombia dieron vida al Centro de Investigación en Palma de Aceite –Cenipalma–, a fin de impulsar el desarrollo sostenible de la agroindustria basados en ciencia, tecnología e innovación. Hoy podemos decir que en cumplimiento de ese propósito nuestros resultados, productos, tecnologías, herramientas y servicios han aportado al crecimiento y solidez del sector palmero, ante las adversidades fitosanitarias y otros retos y desafíos que demandan las diferentes zonas palmeras”, afirmó Eduardo José Graterol Matute, director general de Cenipalma.

La agenda para la Conferencia Técnica de 2026 combinará conferencias magistrales, paneles, presentaciones técnicas y experiencias prácticas alrededor de la sanidad de la palma, nutrición y variabilidad climática, mecanización, automatización, relevo generacional, coberturas leguminosas, manejo del híbrido OxG, bioeconomía circular, bioenergía, sostenibilidad, inteligencia artificial y transformación digital.

También se desarrollará una ruta interactiva con exhibiciones sobre sanidad y productividad del cultivo, eficiencia de las plantas de beneficio, generación de valor agregado, biodiversidad y sostenibilidad.

“La Conferencia Nacional sobre Palma de Aceite nace para acercar el conocimiento a donde realmente cobra valor: al campo y a las plantas de beneficio. Es el escenario propicio para conocer, experimentar y compartir los avances que Cenipalma ha construido durante 35 años junto a los palmicultores, y convertir ese conocimiento en mejores decisiones, mayor productividad y sostenibilidad para nuestro negocio”, dijo Catalina Convers, presidenta de la Junta Directiva de Cenipalma.

 

Una agenda fitosanitaria que atraviesa la historia

El énfasis en sanidad no es nuevo en estos encuentros. En la XV Reunión Técnica Nacional de 2019, por ejemplo, se presentaron avances en la búsqueda de resistencia varietal a la PC, manejo regional de la ML y experiencias para la recuperación productiva de zonas afectadas mediante híbridos OxG.

En la XVIII Reunión Técnica Nacional de 2023, realizada en Bucaramanga, volvieron a tener espacio investigaciones como la influencia de la variabilidad climática en el proceso infectivo de Phytophthora palmivora, junto con otros trabajos relacionados con productividad y sostenibilidad.

Y la discusión colombiana se conecta con el conocimiento internacional. La 21.ª Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite, realizada en Cartagena en 2025, reunió a unos 2.600 asistentes de más de 23 países e incluyó en su agenda el manejo de insectos plaga y enfermedades en cultivares híbridos OxG, además de sesiones sobre biodiversidad, nutrición, economía circular, tratamiento de efluentes, inteligencia artificial y nuevos mercados.

La Conferencia Nacional de Villavicencio recoge ese legado conseguido en las experiencias anteriores, y a la vez plantea un desafío adicional que busca que los resultados científicos no se queden en los laboratorios o en los auditorios.

Para una agroindustria que ya bordea los dos millones de toneladas anuales de aceite y que en la actualidad enfrenta el duro fenómeno climático El Niño; el conocimiento presente en esta conferencia adquiere mayor valor cuando permite detectar una enfermedad a tiempo, escoger un mejor material genético, utilizar de forma más eficiente el agua y los fertilizantes, reducir costos, mecanizar una operación, transformar un residuo en energía o devolver nutrientes al suelo.

Ese es, finalmente, el sentido de los 35 años de Cenipalma: convertir investigación, extensión e innovación en herramientas concretas para que la palma de aceite colombiana pueda producir más y mejor, enfrentar sus riesgos sanitarios y climáticos y competir en un mercado que exige cada vez mayor productividad, trazabilidad y sostenibilidad.

Más información sobre la agenda:

www.cenipalma.org/conferencia-nacional/

 

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