En el informe Perspectivas Agrícolas 2026-2035 de la OCDE-FAO se prevé que la tasa de crecimiento agrícola superará las emisiones de carbono durante la próxima década. Además, se proyecta que los ingresos agrícolas aumenten durante la próxima década, pero la volatilidad pone en riesgo las ganancias.

En un nuevo informe publicado conjuntamente a finales de junio por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO- y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE- se prevé que el ingreso agrícola bruto promedio mundial por trabajador se incremente un 9 % para 2035, impulsado por las mejoras en la productividad y la estabilidad general de los precios agrícolas.
Sin embargo, esta perspectiva sigue siendo vulnerable a la volatilidad del mercado causada por crisis y conflictos. El informe estima que, si continúa la frecuencia de las perturbaciones observadas en los últimos años, existe una probabilidad del 25 % de que los ingresos agrícolas en 2035 sean inferiores a los niveles actuales. Los riesgos a corto plazo también son significativos, ya que es probable que los recientes aumentos en los precios de la energía y la consiguiente reducción del uso de fertilizantes afecten la producción agrícola en 2027. Si bien es probable que los países de altos ingresos puedan absorber estas perturbaciones, los de bajos ingresos se enfrentan a un deterioro de la seguridad alimentaria.

El informe Perspectivas Agrícolas 2026-2035 de la OCDE-FAO proporciona una referencia global de base para las perspectivas a mediano plazo de los mercados agrícolas y pesqueros a nivel nacional, regional y mundial. En condiciones estables, se prevé que la producción agrícola y pesquera mundial crezca un 13 % en los próximos diez años, impulsada principalmente por mejoras en la productividad e intensificación de la producción, con un crecimiento concentrado en Asia, África subsahariana y América Latina.
Sin embargo, el informe también destaca los posibles impactos negativos de las crisis adversas, incluso si son temporales. Si el aumento promedio del 33 % en los precios de la energía observado en el primer semestre de 2026 se mantuviera en el segundo semestre, la producción mundial de cereales disminuiría un 0,9 % en 2027 y, de forma más pronunciada, un 1,7 %, en los países de bajos ingresos. Las consiguientes pérdidas de ingresos y el aumento de los precios de los alimentos obligarían a los hogares de estos países a reducir el consumo de alimentos y a optar por productos más baratos.

“Nuestros sistemas agroalimentarios están bajo presión, y nuestros agricultores se encuentran en la primera línea del aumento de los costos de la energía y los fertilizantes”, declaró el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann (en la foto), al presentar el informe con la FAO.
En su opinión, “su resiliencia es nuestra seguridad alimentaria. Protegerla implica un mejor apoyo para afrontar las crisis, una inversión sostenida en productividad y mercados mundiales abiertos y que funcionen correctamente”.

Entre tanto, el director general de la FAO, QU Dongyu (en la foto), aseguró que, “para sostener el crecimiento de la productividad en los sistemas agroalimentarios, debemos fortalecer su resiliencia, pues esta última no consiste en sobrevivir a la última crisis, sino en prepararse para la siguiente”.
QU Dongyu cree que “al invertir hoy en corredores comerciales diversificados, reservas regionales de insumos agrícolas esenciales, infraestructura resiliente y una matriz energética más diversificada en los sistemas agroalimentarios que reduzca la dependencia del petróleo; podemos transformar la vulnerabilidad en preparación y garantizar que las interrupciones temporales no se conviertan en crisis de seguridad alimentaria”.
Las dos organizaciones mundiales coinciden en afirmar que, en condiciones estables, en las que se espera que el aumento de la productividad represente la mayor parte del crecimiento de la producción, seguirá siendo necesaria cierta expansión de las áreas de cultivo y del número de cabezas de ganado.
Como resultado, se proyecta que las emisiones directas de gases de efecto invernadero provenientes de la agricultura también aumenten un 6,5 % durante la próxima década. Se espera que la ganadería represente alrededor del 77 % de este aumento, debido al crecimiento de los rebaños, mientras que se estima que los fertilizantes sintéticos contribuirán con un 23 % adicional a través de mayores emisiones de óxido nitroso para 2035.
De otra parte, se prevé que las mejoras de productividad ejerzan presión a la baja sobre los precios reales de los productos agrícolas. Si bien esto puede beneficiar a los consumidores, podría generar importantes desafíos para los pequeños agricultores, quienes son más vulnerables a la volatilidad del mercado y a menudo tienen una capacidad limitada para adoptar las tecnologías necesarias para aumentar la productividad. Por lo tanto, los gobiernos deberían apoyar el crecimiento de la productividad, al tiempo que mejoran el acceso de los agricultores a los mercados y proporcionan programas de apoyo adaptados a las necesidades locales.
En el informe de la FAO-OCDE también se aclara que es de esperarse que los consumidores de países de ingresos medios bajos diversifiquen aún más sus dietas, en particular mediante un mayor consumo de productos ganaderos a medida que aumentan los niveles de vida, mientras que se proyecta que los países de bajos ingresos, especialmente en el África subsahariana, continúen rezagados con respecto a otras regiones en materia de seguridad alimentaria y nutrición.
Al mismo tiempo, se espera que el consumo excesivo de alimentos persista en los países más ricos. Se proyecta que el sudeste asiático represente el 39 por ciento del crecimiento del consumo mundial para 2035, impulsado por el crecimiento demográfico y el aumento de la demanda per cápita.
La cooperación multilateral y el comercio agrícola internacional basado en normas siguen siendo vitales para fortalecer la seguridad alimentaria mundial, apoyar dietas más diversas y ayudar a estabilizar los ingresos agrícolas.

Conclusiones principales del informe Perspectivas Agrícolas 2026-2035 de la OCDE-FAO:
- Se proyecta que la producción mundial de cereales (granos) aumente de manera constante, alcanzando un récord de 3220 millones de toneladas para 2035. Este crecimiento estará impulsado principalmente por mejoras en el rendimiento del 0,9 % anual, mientras que se espera que la superficie de tierra cultivada con cereales se expanda solo un 0,1 % anual, menos de la mitad de la tasa registrada durante la década anterior.
- Para 2035, se prevé que el 40 % de todos los cereales se consuman directamente por los seres humanos, mientras que el 34 % se destinará a la alimentación animal. El trigo y el arroz seguirán predominando en el consumo humano, mientras que el maíz se utilizará principalmente como alimento para animales.
- Igualmente, prevé que la demanda mundial de biocombustibles crezca un 1,4 % anual durante la próxima década, impulsada principalmente por Brasil, India e Indonesia. Se espera que el crecimiento se desacelere en la mayoría de los países de altos ingresos, a medida que se debiliten los incentivos políticos y se acelere la adopción de vehículos eléctricos.
- África subsahariana representará una proporción creciente de la producción agrícola mundial durante la próxima década, contribuyendo con aproximadamente el 16 % de la producción agrícola mundial adicional en términos de valor para 2035, frente al 11 % de la década anterior. Sin embargo, gran parte de la región seguirá siendo vulnerable a la inseguridad alimentaria y a las crisis externas. Se proyecta que la región de Asia-Pacífico represente el 58 % de la producción agrícola mundial adicional para 2035, con India contribuyendo con el 26 % del aumento. Este crecimiento estará impulsado en gran medida por una expansión rápida del hato lechero y el aumento de los rendimientos de leche.
- En los países de altos ingresos, se proyecta que el crecimiento del consumo de carne se desacelere notablemente, con consumidores que se inclinan cada vez más por las aves de corral en lugar de la carne de res debido a los altos precios, las preocupaciones por la salud y las presiones ambientales.
- Se proyecta que la producción mundial de pesca y acuicultura aumente un 11 % para 2035, con la acuicultura continuando, impulsando el crecimiento y representando el 56 % de la producción total, frente al 53 % actual. Se prevé que Asia siga siendo el motor del crecimiento de la demanda y la oferta mundial de productos del mar, aunque se espera que la expansión en China, el mayor productor acuícola del mundo se modere. Fuente: www.fao.org









