Por Alejandro Vargas
Alba Rodríguez
Londres, Inglaterra
El agua, la tierra, la biodiversidad y el petróleo se han convertido en recursos estratégicos. Y la demanda no deja de crecer. Si bien el grado de escasez varía, estos recursos naturales están sujetos a una competencia cada vez más intensa por su uso y gestión. El auge del turismo global ha acentuado esta dinámica, en particular en regiones que ya enfrentan desafíos ambientales urgentes.
El aumento de la demanda amenaza no solo la sostenibilidad de los ecosistemas, sino también el bienestar de las comunidades que dependen de ellos. Detrás del atractivo de playas cristalinas, paisajes idilícos o selvas exuberantes, se libra una disputa cada vez más visible por el acceso al agua dulce, la energía y la tierra, ya sea para construir infraestructura turística o para desarrollar actividades agrícolas.
El concepto de “geopolítica de los recursos” deja de ser una cuestión exclusiva de los Estados y empieza a involucrar a empresas turísticas, inversionistas, residentes y gobiernos locales que buscan capitalizar —o proteger— su patrimonio natural. La disputa por el acceso y el control de los recursos naturales está configurando nuevas estrategias de poder, redefiniendo políticas económicas y generando tensiones que van mucho más allá de lo ambiental.
Panorama global del turismo

La industria turística no se detiene. Según el Informe Global de Viajes de World Travel Market (WTM), publicado en noviembre 2025, se proyecta que en la próxima década el sector crecerá a un ritmo anual del 3,5%, superando el crecimiento de la economía mundial, estimado en 2,5% anual para el mismo período.
Las cifras son contudentes: para 2035, la industria de los viajes podría generar más de 16 billones de dólares, lo que equivaldría a cerca del 12% del PIB mundial, de acuerdo con el análisis del World Travel & Tourism Council (WTTC) en colaboración con Oxford Economics.
El impulso del sector turístico provendrá principalmente de las economías emergentes. China e India lideran la transformación, con una expansión de la clase media que está creando millones de nuevos viajeros. El WTM calcula que, en los próximos cinco años, se sumarán 150 millones de hogares a la “clase viajera”, con ingresos suficientes para costear viajes internacionales de ocio. De ellos, 110 millones estarán en Asia Pacífico y el 40 % en China.
Incluso con la desaceleración económica, se espera que los turistas chinos representen el 27% del aumento del gasto global en viajes internacionales para 2030. Pero detrás del optimismo surge un desafío: ¿podrá el turismo sostener este crecimiento acelerado sin agotar los recursos que lo hacen posible? La forma en que se aborde este reto definirá el rumbo de una nueva era donde economía, ecología y geopolítica convergen.
Tendencias del turismo

En el trasfondo de la competición por los recursos naturales, el mercado turístico sigue transformándose. El auge de la economía de la experiencia refleja un cambio en las preferencias de los viajeros, que valoran cada vez las experiencias auténticas y la conexión con las comunidades locales. Los eventos en vivo se han convertido en uno de los principales atractivos de esta nueva forma de viajar, ofreciendo momentos únicos que enriquecen la manera de explorar el mundo.
La búsqueda de destinos con climas más “frescos» y alejados de las rutas convencionales redefine el mundo del turismo. Un número creciente de turistas ahora opta por lugares menos concurridos, lo que ha comenzado a modificar los patrones de viaje tradicionales en varias regiones del planeta.
Según el informe del WTM, los países escandinavos están ganando protagonismo gracias a la tendencia de las «vacaciones frías». Se estima que, en 2025, el número de turistas en Suecia, Noruega y Finlandia crecerá un 9%, superando a los destinos veraniegos tradicionales.
Otra tendencia es una demanda creciente de viajes de lujo, personalizados y multigeneracionales, junto con la implementación de la inteligencia artificial en la planificación y gestión de experiencias turísticas. Estas tendencias están impulsando el dinamismo y crecimiento global del sector.
Los turistas con más poder adquisitivo continúa destinando mayor presupuesto a alojamientos exclusivos, suites privadas, vuelos en primera clase y experiencias únicas. Según estimaciones de la consultora McKinsey, el gasto mundial en hospedaje de lujo pasará de 239.000 millones de dólares en 2023 a 390.000 millones de dólares en 2028.
Sin embargo, aunque las proyecciones para la industria turística son optimistas, su expansión implica un alto costo ambiental. El crecimiento del turismo de lujo, la personalización de experiencias de viajes y el uso intensivo de inteligencia artificial requieren enormes cantidades de recursos naturales, como el agua, la energía y el suelo, que son parte del capital natural del planeta.
Como señaló el economista Andrew Cates, de Haver Analytics, durante el panel Petróleo, agua, sol y arena: La geopolítica de los recursos, realizado en la feria del WTM London 2025, que en el modelo económico actual “hemos acumulado mucho capital físico, como centros de datos o infraestructura para generar energía renovable, pero se ha hecho a costa del capital natural. Estamos reemplazando biodiversidad y suelos por centros de datos”.
Cates señaló que la energía es clave para el crecimiento económico, y la inteligencia artificial aunque mejora la eficiencia, también intensifica la demanda de recursos naturales. Dicha dinámica genera escasez y eleva los precios de la energía y otros insumos, con repercusiones inevitables en múltiples sectores.
Tensiones y poder estratégico

El turismo, motor económico para muchos países, también puede suscitar tensiones políticas y sociales. Destinos emblemáticos, como Amsterdam, Barcelona, Cannes, Nice, Valencia y Venecia, enfrentan crecientes tensiones sociales y ambientales debido al turismo masivo.
La competencia en estos destinos turísticos no solo gira en torno a recursos naturales como el agua o la energía, sino también en torno a recursos urbanos estratégicos: la vivienda, el espacio público, la movilidad y la calidad del aire.
La turistificación ha disparado los precios de los arriendos, saturando infraestructuras y desplazando a residentes locales, alimentando protestas que exigen límites al modelo turístico actual. Por ejemplo, en España, en barrios en proceso de gentrificación, han aparecido grafitis, pancartas y letreros en paredes y ventanas con mensajes como «Turistas, váyanse a casa».
Este conflicto revela una dimension geopolítica poco explorada: la lucha por el control y la gestión de los recursos en ciudades globalizadas. En un mundo marcado por la crisis climática y la desigualdad, el acceso a estos bienes comúnes se convierte en una herramienta de poder. Las decisiones sobre cuántos cruceros llegan a puerto, cuántos alojamientos privados se autorizan para el turismo o cómo se distribuye el agua en temporada alta ya no son cuestiones locales, sino una expresión de una geopolítica urbana.
La disputa por los recursos no solo redefine el futuro del turismo, sino también el equilibrio entre el derecho a habitar y el derecho a visitar. En este nuevo contexto, las ciudades turísticas se convierten en escenarios de una geopolítica que ya no se juega entre Estados, sino entre residentes, turistas, empresas y gobiernos locales.
Colaboración periodística:

Alejandro Vargas
Londres, Inglaterra
Fotografía:
Alba Rodríguez

















