La ONU declaró 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora, una oportunidad histórica para visibilizar, dignificar y fortalecer el papel de millones de mujeres rurales que producen alimentos, cuida a sus familias y sostienen la resiliencia de los sistemas agroalimentarios, pese a enfrentar desigualdades persistentes.

Cerrar las brechas de género en el campo podría incrementar el PIB global cerca de un 1 % y reducir la inseguridad alimentaria en 45 millones de personas.
Pensando en hacer un reconocimiento global a un pilar fundamental, aunque históricamente invisibilizado: la Mujer Rural, la Organización de las Naciones Unidas –ONU– declaró el 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora (AIAM 2026). La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –FAO– será la institución (agencia de la ONU) encargada de programar las acciones que se llevarán a cabo durante el año.
La iniciativa busca visibilizar el papel esencial que desempeñan millones de mujeres rurales en los sistemas agroalimentarios: desde la siembra, la cría de animales, la transformación y el comercio, hasta las tareas de cuidado y gestión del hogar que sostienen la vida comunitaria en los territorios.

Su trabajo es decisivo para la seguridad alimentaria, la nutrición, la resiliencia climática y la economía rural, pero sigue marcado por la desigualdad, la informalidad y las brechas de acceso a activos y oportunidades.
En muchos países, los sistemas agroalimentarios son una fuente de sustento aún más importante para las mujeres que para los hombres. En África subsahariana, por ejemplo, el 66 % del empleo femenino está ligado a estos sistemas, frente al 60 % en el caso de los hombres; y en Asia meridional, el 71 % de las mujeres trabaja en ellos, comparado con el 47 % de los hombres. No obstante, sus condiciones laborales suelen ser más precarias: empleos informales, jornadas parciales, menor acceso a insumos, tecnologías y servicios de extensión, y salarios que pueden ser 18 % más bajos que los de los hombres por trabajos equivalentes.
A estas disparidades se suma un elemento central: las mujeres rurales sostienen una doble o triple jornada. Además de su participación en la agricultura y la producción pecuaria, dedican horas significativas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado –cocinar, limpiar, recoger agua, cuidar niños, personas mayores y enfermas–, tareas indispensables para el bienestar de sus hogares y comunidades, pero sistemáticamente ignoradas en las mediciones económicas.

La FAO publica de manera periódica informes especiales acerca de la evolución de la situación general de la mujer rural.
La pandemia de la Covid-19 amplificó estas cargas: mientras millones de mujeres perdían empleos o ingresos, su tiempo dedicado al cuidado aumentaba de manera crítica.
El AIAM 2026 invita a gobiernos, sector privado, organizaciones campesinas, academia y sociedad civil a impulsar políticas y acciones que cierren las brechas de género: garantizar la tenencia segura de la tierra, facilitar el acceso al crédito y a tecnologías digitales, ampliar servicios de cuidado infantil, promover la participación de las mujeres en las decisiones comunitarias y mejorar su acceso a servicios de extensión agrícola.

Las mujeres rurales cargan con tareas agrícolas, pecuarias y labores domésticas y de cuidado no remunerado, conformando una de las jornadas más extensas e invisibilizadas del mundo.
Según la evidencia, estas medidas no solo elevan el bienestar de las mujeres y sus familias, sino que mejoran la productividad, fortalecen la resiliencia climática y contribuyen al desarrollo económico y social.
Cerrar la brecha de género en la productividad agrícola y eliminar las diferencias salariales podría aumentar el PIB mundial en cerca de un 1 % –equivalente a casi un billón de dólares– y reducir la inseguridad alimentaria global en alrededor de dos puntos porcentuales. En regiones donde millones dependen directamente de la agricultura, estos avances serían transformadores.

2026: El año para reconocer a quienes sostienen el campo en atención de hogar, cuidado y labores agrícolas y ganaderas: las mujeres agricultoras.
El 2026 no es solo un año conmemorativo: es una invitación a reconocer que la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios pasa por dignificar y fortalecer el liderazgo de las mujeres que los sostienen. Es un llamado a reconocer su trabajo, redistribuir cargas, derribar barreras y devolverles el lugar que siempre han tenido: el corazón vivo del campo y de la alimentación.










