Por Alba Rodríguez
Alejandro Vargas
Londres, Inglaterra
Con cerca de 170 mil visitantes, la Exposición Floral de Chelsea de la Real Sociedad de Horticultura es uno de los eventos más anticipados en el calendario hortícola del Reino Unido. El festival combina la tradición paisajista británica con propuestas sostenibles de vanguardia, reuniendo a diseñadores, botánicos y expertos en horticultura en un despliegue de creatividad y diseño progresista.
La muestra floral cautiva tanto por propuestas paisajísticas de inspiración zen y jardines de autor; espacios verdes donde confluyen biodiversidad, inteligencia artificial y plantas seleccionadas por su resiliencia climática. Esta tendencia responde a un cambio de sensibilidad en el público británico: hoy, más de la mitad de los apasionados de la jardinería adapta sus prácticas para proteger la fauna local.
Algunos jardines de exhibición, entre los que destaca el de la organización Parkinson’s UK – A Garden for Every Parkinson’s Journey, han apostado por especies de floración otoñal para atraer polinizadores nocturnos.
Se observa un renovado interés en los diseños naturalistas caracterizados por la variedad de texturas, visible en diseños paisajísticos como ‘On the Edge’, de Sarah Eberle, ganador de la Medalla de oro al Jardín del Año de la RHS Chelsea, y en The Tate Britain Garden, de Tom Stuart-Smith, ambos concebidos para reinterpretar paisajes rurales dentro de contextos urbanos.
Ocho diseños paisajistas, espacios conceptuales e innovaciones que destacaron en Chelsea 2026:
1. The Campaign to Protect Rural England Garden: ‘On the Edge’
Diseñador: Sarah Eberle
Medalla de oro al Mejor Jardín del Año
El jardín reivindica el potencial de la periferia urbana. Al elegir flora de terrenos baldíos y especies silvestres, la propuesta paisajista demuestra que el abandono puede dar paso a un espacio de regeneración ecológica y biodiversidad exuberante.
En el centro del espacio emerge un árbol caído esculpido con la figura de Gaia (que representa la Madre Naturaleza). La mano de la escultura roza la superficie de un estanque poco profundo, al tiempo que su cabello de sauce se prolonga hasta fundirse con la cresta de un muro de piedra que serpentea delicadamente a través del jardín.
Mediante un esquema de plantación definido por su variedad de texturas, movimiento y biodiversidad, el diseño celebra la belleza espontánea de la flora silvestre. El juego entre límites difusos y estructuras rígidas captura con sutileza la esencia de ese paisaje periférico donde la ciudad y el entorno natural conviven, confluyen y se transforman mutuamente.
2. Parkinson’s UK – A Garden for Every Parkinson’s Journey
Diseñador: Arit Anderson
Ganador de la medalla de plata
Inspirado en un taller para jardineros con Parkinson y sus familias, el paisaje es concibido como un santuario terapéutico multisensorial donde el diseño se pone al servicio de la enfermedad.
El espacio se articula a través de un sendero accesible bordeado por un canal de agua que sirve también como pasamanos táctil, cuyo sonido y movimiento actúan como estímulo sensorial.
El jardín se divide en tres zonas temáticas pensadas en la sintomatología del Parkinson: un espacio estimulante, de colores intensos y plantas sin aroma; un entorno de inspiración forestal, caracterizado por texturas diversas que favorece la orientación a personas con discapacidad visual, y un área de penumbra de tonos verdes y blancos, cobijada por un arco de madera, ideal para aliviar el insomnio y atraer a polinizadores nocturnos.
3. Flood RE: Contain the Rain Garden
Diseñador: John Howlett
Ganador de la medalla de oro
Inspirado en la geometría de los jardines persas y marroquíes, el diseño es un modelo de paisajismo urbano centrado en la resiliencia ambiental.
El proyecto se estructura a partir de jardineras hexagonales modulares que maximizan el uso del espacio y permiten múltiples configuraciones, combinando eficiencia hidráulica, adaptabilidad y una estética contemporánea.
La iniciativa responde a una necesidad concreta: gestionar el agua lluvia en entornos urbanos cada vez más vulnerables. Para ello, incorpora pavimentos permeables, sistemas de captación y almacenamiento hídrico, y una vegetación abundante que contribuye a regular la temperatura urbana y potenciar la biodiversidad.
4. Lady Garden Foundation ‘Silent No More’ Garden
Diseñador: Darren Hawkes
Ganador de la medalla de oro
El jardín está diseñado para despertar la curiosidad y romper el estigma sobre la salud ginecológica, creando rincones íntimos y zonas abiertas que invitan a conversar con total naturalidad. En el corazón de una exuberante vegetación se alza una estructura central, inspirada en las esculturas cerámicas del artista vasco Eduardo Chillida.
La obra envuelve a los visitantes en un juego cambiante de luces y sombras, ofreciendo un refugio seguro que evoca las formas de la anatomía femenina y fomenta la conexión.
A través de un sendero serpenteante, el público recorre plantaciones llenas de color que resguardan cinco esculturas, cada una en representación de uno de los cinco tipos de cáncer ginecológico. El contraste de ambientes busca romper el silencio, conectar a las personas y, en última instancia, ayudar a salvar vidas.
5. Heliotropic Carousel
Diseñador: John Kitchin, hugo & green
Ganador de la medalla de oro
El estudio botánico urbano integra arquitectura y naturaleza en un mismo plano, inspirándose en el heliotropismo: el movimiento natural de las plantas en una constante búsqueda de luz.
Este invernadero acristalado sitúa el bienestar humano y vegetal en el centro de su diseño. En el interior, un carrusel mecanizado hace rotar la vegetación de forma lenta y constante, optimizando la fotosíntesis y transformando el dinamismo botánico en el alma de la experiencia espacial.
Concebido bajo principios de bienestar bioclimático, el estudio botánico trasciende la idea tradicional de espacio interior verde para funcionar como un refugio multifuncional destinado al trabajo, el descanso y la socialización.
Tecnología y ciencia
6. Robocultivos: precisión botánica
La Universidad de Lincoln presentó PhenAIx, un sitema robótico de fenotipado que registra con exactitud las características físicas observables de las plantas. Este avance demuestra el potencial de la robótica y la inteligencia artificial en la horticultura actual.
Equipado con cámaras digitales y sensores multiespectrales de profundidad, el dispositivo recopila información precisa sobre la salud de las plantas, la densidad de los cultivos, la estructura de las hojas y la manera en que las plantas reflejan la luz. Procesos de mejoramiento genético que antes requerían años pueden ahora desarrollarse en cuestión de semanas.
En un contexto marcado por la crisis climática, el aumento de los costos energéticos y la escasez de mano de obra, la convergencia entre ciencia y automatización emerge como una de las principales apuestas de la horticultura del futuro.
7. Sensores de olores para detección de plagas
La exposición de la Agencia de Sanidad Animal y Vegetal del Reino Unido, «Aromas y sensores: detectando plagas y enfermedades de las plantas», explora cómo la ciencia utiliza el sentido del olfato para proteger los cultivos.
El recorrido presentó proyectos vanguardia de la ciencia canina y narices electrónicas, así como trampas de feromonas (señales químicas que alteran el comportamiento de algunas especies animales) y el uso de plantas aromáticas que conectan la detección de patógenos con cultivos reales.
8. Ingeniería inspirada en la naturaleza
La Universidad de Cranfield presentó Blast EcoShield, un sistema modular de barreras vegetales diseñado para absorber el impacto de explosiones en espacios públicos. El proyecto combina la ingeniería de explosivos, la ciencia de materiales y el paisajismo para transformar la vegetación autóctona en un mecanismo de protección activa.
A diferencia de los muros convencionales de hormigón o vallas metálicas, las barreras integran soluciones ecológicas que actúan como estructuras vivas para absorber y desviar ondas de choque, reduciendo así la intensidad de las detonaciones y su impacto en el entorno.
El secreto de esta tecnología radica en la propia biología. «Las plantas han evolucionado durante millones de años para sobrevivir al calor extremo, la presión y el movimiento», explica Rachael Hazael, investigadora principal del proyecto. «Algunas de esas características reflejan las propiedades que incorporamos en la ropa protectora o en materiales de alta resistencia. Al potenciarlas mediante la ingeniería, la naturaleza nos ofrece soluciones brillantes para proteger a las personas».

Colaboración periodística: Alejandro Vargas
Londres, Inglaterra
Fotografías: Alba Rodríguez














